Distinciones

Hijo predilecto

 

El interés de san Josemaría por la colaboración en la recuperación y mantenimiento de la diócesis de Barbastro es uno de los motivos que mueven al ayuntamiento a nombrarle Hijo Predilecto por unanimidad el 29 de marzo de 1947.

Recuerda D. Santos Lalueza, entonces Vicario general de la Diócesis de Barbastro, que “me enseñó un amplio dossier de documentos y planos que había entregado a la Santa Sede para asegurar la supervivencia de la diócesis. Quería que conociera aquel amplio dossier con mapas, estadísticas, datos históricos,etc  todo muy bien hecho y presentado: se había trabajado a conciencia. Sus gestiones en Roma debieron ser muy decisivas y me parece que, solo por eso merece el agradecimiento de los sacerdotes y fieles de esta diócesis”

La dedicación de una avenida

Fue inaugurada el 29 de agosto de 1971, José Maria Pueyo, Primer Teniente de Alcalde, mantiene informado a Mons. Escrivá.

 

San Josemaría no pudo asistir al acto de inauguración, designa para el ello a don Florencio Sánchez Bella .

En su respuesta del 11 de septiembre, agradece a José Maria Pueyo “el afecto que me mostráis”, y señala que “siempre os acompaño de todo corazón con mis oraciones, para que las iniciativas de esa Excma. Corporación Municipal sean para el bien de todos nuestros paisanos. Gracias especialmente a ti, por tus afectuosas intervenciones”.

La medalla de oro de Barbastro

El 25 de mayo de 1975 tuvo lugar la entrega de la Medalla de Oro de Barbastro. El texto del acuerdo reconoce “los relevantes méritos, de ejemplaridad y proyección universal, que concurren en su persona, y a su constante atención y preocupación por el perfeccionamiento en todos los órdenes de los habitantes de Barbastro y su comarca”.

 

Fue un reencuentro con los barbastrenses que le dedicaron un emotivo y cálido homenaje. Mons. Escrivá, quiso agradecer tras dirigirse a todas las autoridades presentes, pronunció estas palabras:

“Me acabáis de entregar la Medalla de Oro de la insigne y muy entrañable ciudad de Barbastro. Permitidme ver en este galardón, más que una credencial de mis méritos que no tengo, el reiterado y público referendo de vuestra amistad, que me conmueve en lo más hondo del corazón.

Durante los muchos años en los que la amabilísima Voluntad de Dios ha querido que mis pasos se encaminaran lejos de mi propia tierra, no me ha faltado la compañía de vuestras cartas, de vuestras visitas, de vuestras variadas manifestaciones de cariño”

Barbastrense del año

En el verano de 1975 le eligieron Barbastrense del Año. En reconocimiento a los relevantes méritos contraídos durante su vida, de alcance universal.

 

La entrega del galardón se hizo el domingo 7 de septiembre, Recogió el pergamino e insignia acreditativos de la concesión del título Pedro Zarandona, entonces Presidente del Patronato de Torreciudad.

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